¿Vamos hacia la desglobalización?

¿Vamos hacia la globalización entre dos bloques?

Henry Kissinger, ¿convertido en un profeta?


A finales del siglo XX en todo el mundo se desató una campaña de tal dimensión sin precedentes hasta entonces. Había un consenso general en el sentido de que se tenía que ir a China sí o sí. Algo que recordaba a los “conquistadores” españoles en busca del oro o como una especie de “Conquista del Far West” en los EE. UU.

Al principio se trataba de aprovechar la mano de obra barata y la productividad, para productos de poco valor añadido. Pero pronto el nivel fue subiendo y la lluvia de inversiones continuaría hasta nuestros días. Con el crecimiento económico y el aumento del nivel de vida de su población, pronto sumó al activo de ser la “fábrica del mundo”, el de también ser el “mercado del mundo”. Siempre bajo el liderazgo del Partido Comunista que, como se menciona en la constitución del país, lidera el país e implementa la dictadura del proletariado.

Los emprendedores, que generalmente se guían más por su olfato e intuición que por la política, nunca se asustaron por el discurso y su práctica -excepción hecha de la feroz competencia, porque todas las empresas coinciden en el país con todos los competidores que tienen a nivel mundial- que, lejos de desanimarles les ayudó a superar la crisis que tenían en su propio país. Pero la separación entre el mundo de los negocios y la política tiene límites y con la guerra de Ucrania se han puesto en evidencia.

Por un lado, las sanciones que se imponen a Rusia tienen un impacto de gran calado en las empresas europeas y la población, además de que el conflicto afecta -como lo hiciera la pandemia del coronavirus- a toda la economía mundial. Por otro, vemos como determinados políticos -de manera consciente o inconsciente- hablan de Rusia y China como los responsables de querer acabar con “el orden mundial establecido”. Si a estas dos consideraciones le sumamos aquellos comentarios que insisten en que el enemigo de los EE. UU. y la UE no es Rusia sino China, se consigue que aquellas empresas y empresarios con proyectos en ese país empiecen a tener una fuerte preocupación.

¿Pero, cómo se ha llegado a esta situación? Vamos a intentar explicarlo a través de China que, aunque ya su presencia era muy grande en los medios de comunicación, ahora está en todos los debates y discusiones.

El pasado mes de febrero se cumplió el aniversario de los cincuenta años de la visita de Nixon a la R. P. China y su apretón de manos con Mao Zedong. En 1972 nadie podía imaginarse que aquel encuentro acabaría siendo uno de los que terminan “haciendo historia”. Por un lado, los EE. UU. se acercaban a la R.P. China con la intención de alejarla de la URSS. Por otro, para China representaría ocupar el espacio de Taiwán en las Naciones Unidas y su retorno a la política internacional. Los EE. UU. reconocían la existencia de una sola China, pero nunca dejarían de mantener una relación estrecha con Taiwán.

Cuatro años después desaparecían tres de las figuras más relevantes de la revolución china: Zhou Enlai (enero), Zhu De (julio) y Mao Zedong (septiembre) y terminaba la Revolución Cultural. El relevo lo tomó Deng Xiaoping que sería el encargado de modernizar el país a todos los niveles y convertirlo en una potencia económica. En un tiempo récord la R.P. China sacó a la población de la pobreza y se convirtió en una potencia económica mundial.

Es muy probable que las previsiones eran que con el desarrollo económico el contexto político también iba a evolucionar y se transformaría en uno más parecido a los sistemas políticos occidentales. Parece ser que, al darse cuenta del error de cálculo, los “think tank” decidieron dar por cancelada la globalización y arrancaron con el proceso de desglobalización.

Actualmente, nos encontramos en un contexto mundial de “sordera” y sería bueno volver a leer a Henry Kissinger. Por tanto, antes de caer en la “ceguera” recordemos las palabras del diplomático en 2011 pronunciadas en la Asían Society, coincidiendo con la presentación de su libro “China” (editorial Debate 2012, de muy recomendable lectura):

The United States and China must ´adjust their traditional thinking´ and move toward a sense of community in order to avoid conflict
We are now in an international situation for which there is no precedent in history, …


On the one hand there is turmoil in many parts of the world. At the same time, there are a series of problems that can only be dealt with on a global basis. … And that makes it imperative for the two strongest nations that are existing in the world today to move in a cooperative manner

¿Qué dijo Kissinger poco más tarde en 2014 a propósito de Ucrania?

Public discussion on Ukraine is all about confrontation. But do we know where we are going? In my life, I have seen four wars begun with great enthusiasm and public support, all of which we did not know how to end and from three of which we withdrew unilaterally. The test of policy is how it ends, not how it begins.


Far too often the Ukrainian issue is posed as a showdown: whether Ukraine joins the East or the West. But if Ukraine is to survive and thrive, it must not be either side’s outpost against the other — it should function as a bridge between them.

Las palabras de Kissinger parece que se las llevó el viento y ahora nos las devuelve la situación en Ucrania como si fuera un eco. Lamentablemente, los costes de la guerra de Ucrania no dejan de aumentar y, seguro en un momento u otro alguien se preguntará si se podría haber evitado… Es muy probable que aquella propuesta del diplomático norteamericano de hace ocho años va a ser más o menos aceptada -con matices después de estos años- porque no hay alternativa (una guerra nuclear nunca lo será):

  1. Ukraine should have the right to choose freely its economic and political associations, including with Europe.

2. Ukraine should not join NATO, a position I took seven years ago, when it last came up.

3. Ukraine should be free to create any government compatible with the expressed will of its people. Wise Ukrainian leaders would then opt for a policy of reconciliation between the various parts of their country. Internationally, they should pursue a posture comparable to that of Finland. That nation leaves no doubt about its fierce independence and cooperates with the West in most fields but carefully avoids institutional hostility toward Russia.

4. It is incompatible with the rules of the existing world order for Russia to annex Crimea. But it should be possible to put Crimea’s relationship to Ukraine on a less fraught basis. To that end, Russia would recognize Ukraine’s sovereignty over Crimea. Ukraine should reinforce Crimea’s autonomy in elections held in the presence of international observers. The process would include removing any ambiguities about the status of the Black Sea Fleet at Sevastopol.

These are principles, not prescriptions. People familiar with the region will know that not all of them will be palatable to all parties. The test is not absolute satisfaction but balanced dissatisfaction. If some solution based on these or comparable elements is not achieved, the drift toward confrontation will accelerate. The time for that will come soon enough.

Sin que fuera la intención de Kissinger, el tiempo parece que le ha convertido en un profeta. Aún estamos a tiempo de no “condecorarle” más -que no lo necesita- y esperemos que sus sabios consejos sobre la relación con la R. P. China sean escuchados e impere el sentido común y por lo menos el desastre humano de Ucrania sirva para evitar otro que aún tendría dimensiones mayores.

Volviendo al inicio acerca de la polémica sobre globalización o desglobalización, parece que seguiremos en la globalización. En el supuesto de que el mundo se dividiera en dos bloques, que pensamos y esperamos no se llegue a esta situación, sería un ejemplo de globalización, aunque en esta liga sólo jugaran dos equipos. Leamos a Kissinger y dejemos que fluya el sentido común y “oídos sordos” a los que ya han empezado a alimentar el siguiente conflicto.

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