Hoy en día nadie duda de que Internet significó un antes y un después en el mundo moderno. Pero lo fue no sólo para las comunicaciones y los negocios, sino también para los delincuentes, más conocidos como ciber-delincuentes.

Hace unos años era frecuente recibir un mensaje de un amigo o conocido que nos parecía raro y se trataba de que le habían secuestrado su cuenta de correo electrónico. Los estafadores en nombre del titular pedían un envío de una pequeña suma para ayudar en un problema. A nivel personal este sistema que se conoce como phishing se fue perfeccionando y de lo que se trataba era de entrar en el ordenador y de allí sacar informaciones para limpiar cuentas bancarias si se encontraban claves de acceso guardadas.

A nivel de empresas también los delincuentes empezaron por cosas pequeñas. Se contactaba con una empresa que exportara y se le ofrecía la posibilidad de vender a la R. P. China e incluso se llegaba a formalizar un contrato y el fabricante preparaba la operación. Al principio se trataba de pedir dinero para notarizar documentos y con poco dinero los delincuentes se contentaban y desaparecían. Luego se incrementó el nivel y se llegaba a recibir la mercancía que luego obviamente no se podía cobrar, porque la empresa ni existía, y el producto había desaparecido. Al convertirse en la “fábrica del mundo” -y luego en el “mercado del mundo”- la avidez y prisa por cerrar negocios llevaba a relajar incluso normas internas, lo cual desembocaba siempre en una estafa.

De esta etapa recuerdo varias experiencias vividas, pero que ayudamos a que terminaran bien. Nuestra tarea consistía primero en ver la web de la empresa vendedora o comercial que tenía que distribuir productos y, ante la sospecha y la duda planteábamos al cliente que nos presentara como su representante e informara de nuestra visita. Esta visita siempre se realizaba sin avisar y en el domicilio que los estafadores habían facilitado. Al realizar la visita nos encontramos en todos los casos que la empresa no existía o incluso ni la dirección era real.  Por los honorarios de un día de trabajo ahorramos que se consumara un embarque de dos millones de euros en vino o evitar que se fabricara un pedido que no se hubiera podido vender luego.

Hay otro tipo de estafas que consiste en vender a un precio que no es ni de mercado y, obviamente lo que se recibía luego era, como en un caso que vivimos, bidones llenos de tierra en lugar de productos químicos.

En otra ocasión era la compra de una máquina que valía medio millón de euros y se compró por sólo treinta mil y en este caso fue peor: no llegó nada.

Recuerdo en otra ocasión que ayudamos a una empresa que había enviado un pago de un millón de dólares sin una carta de crédito o garantías para hacerlo. Al final se consiguió recuperarlo, pero no siempre se tiene tanta suerte.

Pero los estafadores siguieron perfeccionando el sistema e incrementando sus acciones para seguir engañando a empresas y particulares. La técnica “phishing” o parecida usurpando la cuenta de correo electrónico de un cargo de la empresa, aun sigue vigente actualmente. El “truco” consiste en, utilizando la cuenta de un cargo directivo solicitar se envíe dinero a una cuenta para la firma de un contrato. En otras se le dice al cliente que como proveedor se ha cambiado la cuenta a otro banco y con otro nombre y cuando se han recibido dos o tres pagos, los estafadores desaparecen.

Leyendo la noticia de una farmacéutica gallega (ZENDAL) que ha sido objeto de una estafa de este tipo, me ha recordado todas estas experiencias vividas en mis años de consultor que, para mi sorpresa, siguen produciéndose y como en este caso por cifras muy elevadas. Esto me ha empujado a recapitular una serie de consejos y recomendaciones para evitar ser una víctima nueva de estos delincuentes cibernéticos:

  • Primero de todo desconfiar de los “duros a cuatro pesetas” o cualquier tipo de ganga.
  • Segundo, si se tiene una o mínima duda, verificar de la mano de un consultor en la R.P. China que pueda ayudar a comprobar la veracidad de la operación o de los ofertantes. Es un coste mínimo en comparación con el que tiene ser estafado.
  • Tercero, aplicar las normas habituales ante un cliente o proveedor inesperado que aparece. Indagar informaciones, recabar informes e incluso visitarles cuando sea posible. Preguntar, preguntar y preguntar, si no se es real, es sencillo pillar al estafador. No hay que tener prisa por comprar ni vender. Nadie imagina los casos que ha habido de dinero enviado en tiempos del COVID-19 que luego no recibían producto o si lo tenían eran sin los requisitos necesarios para pasar aduanas y/o comercializarlo. Grandes oportunidades como en esta situación comportan aún mayores riesgos.
  • Cuarto, utilizar siempre mecanismos de control y pago seguros. Contrato y pago por carta de crédito en casos de nuevos clientes / proveedores. Pero aun mejor, sólo hacer operaciones con empresas que se les conoce y se les ha visitado. Cuando no es factible hacerlo, utilizar la figura de un consultor que pueda dar soporte, incluso dando apoyo en una inspección en el momento del embarque.
  • En la empresa deben de tenerse unas normas financieras que se deben de respetar siempre, básicas y que en la misma R.P. China se siguen estrictamente dentro del país.

A modo de resumen:


a) no se puede pagar nunca a una cuenta bancaria y nombre de empresa diferente del contrato firmado, sin que haya una aprobación de personas claves que lo confirmen. Además, cambios de este tipo siempre se deben de verificar por una llamada a una persona conocida de la empresa.


b) no enviar nunca dinero si no hay contratos, ni, aunque lo solicite el dueño de la empresa (que debe de ser quien la implemente) y en cualquier caso no hacerlo si no se verifica con una llamada telefónica y hablar con la persona que lo solicite.

Parece muy sencillo, pero si no se siguen estas recomendaciones de forma estricta y rutinaria, seguro que los estafadores encuentran la brecha y el momento para salirse con la suya. Hacerlo bien no sólo protege a quien lo implementa, sino también al cliente o proveedor que es quien puede haber sido objeto del “phishing”.

Por otro lado, ningún país del mundo está libre de albergar este tipo de ciber-estafadores, y en concreto el Gobierno de la R.P. China está trabajando mucho en los últimos años para que este tipo de estafas a través de ciberataques no tengan como origen su país, y cada vez más se cuenta con la colaboración de las instituciones chinas para identificar y detener a los infractores de estas actividades.

Esperamos y deseamos que estos consejos y recomendaciones sirvan para no tener que leer más noticias cómo la que nos ha sugerido escribir este post.

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